“Aprender en el caos: juventud, emociones y educación en el siglo XXI”

 Cuando nosotros empezamos a tomar conciencia de la realidad y del tiempo, comenzamos a analizar: ¿Qué ha cambiado en los últimos años? Al pensar en esto, se involucra una serie de análisis emocionales, sociales, políticos y hasta culturales. Para la psicología, comprender los nuevos paradigmas del siglo XXI —sumergido en una sociedad posmoderna y líquida por la falta de solidez social y emocional— implica reconocer un cambio de radicalismos y de personalidades incalculables.

La escuela también ha enfrentado cambios y retos en este siglo. Se ha generado un caos, y las incógnitas aún siguen en el aire. Pero ¿Cómo resolverlas en un mundo de caos? Al preguntarnos: ¿es lo mismo atención y aprendizaje?, o ¿pensamiento y aprendizaje?, la respuesta es inmediata: es uno por respuesta. Sin embargo, en este siglo, los jóvenes tienden a confundir el aprendizaje con esos dos conceptos. Pueden pensar, pero no aprender; pueden poner atención, pero no aprender. Entonces, ¿Qué pasa con los jóvenes estudiantes de este siglo?

El psicólogo Genovard ha hecho hincapié en que, en el siglo XXI:

“La psicología pasa por una crisis en la posmodernidad, ya que pasa por la elaboración de modelos teóricos que, sin pretender una dirección unívoca, asuman que no hay manera de salir victorioso de esta crisis”.

Genovard propone retomar a los constructivistas, a lo social-cognitivo (especialmente para el análisis de las emociones), y recuperar al ser como individuo, y no como un objeto más de trabajo. También invita a volver la mirada a los grandes temas que trataron los psicólogos como Piaget y Vygotsky. Entonces, el aprender a aprender no es tan fácil como se cree; también el aprender a vivir es un reto para esta posmodernidad, en el intento de construir cada día la propia identidad personal y social. Las emociones se han transformado según la vida privada, pública y laboral de las personas.

El aprender a aprender siempre será la duda entre los jóvenes: ¿Qué aprender? Y para los docentes y la sociedad: ¿Qué enseñar? Estos cambios sociales nos han afectado, pues cada vez nos cuesta más trabajo interactuar. Aprender nuevamente los valores es difícil, porque ya no se aplican, no se enseñan, ni se ponen en práctica. Las nuevas masas tecnológicas han implicado un nuevo lenguaje virtual de comunicación e interacción, mediante íconos digitales que representan emociones que, en la realidad, quizás no expresan lo que se siente. Por ejemplo, los celulares traen imágenes personalizadas: una persona puede sentirse mal y, aun así, utilizar una imagen de carita feliz para aparentar “felicidad”. En este sentido, las emociones se vuelven superficiales y falsas.

La comunicación digital ha facilitado una mayor eficacia en la transmisión de información, pero también ha tenido un impacto negativo: las personas ya no interactúan personalmente, sino a través de medios como Facebook, Twitter, WhatsApp, Retrica, Snapchat, etc. Esto ha provocado que las personas se rijan por apariencias, estereotipos y mentiras, tratando de ser aceptadas por lo material y no por su autenticidad como personas.

En la lectura se menciona que el ámbito social o contexto ha sido un factor importante en las nuevas masas culturales y tendencias, principalmente en los países desarrollados como los europeos o Estados Unidos, que han marcado la globalización económica por medio del capitalismo. Esto ha producido:

“La revolución telemática y su consecuente precariedad laboral e inestabilidad afectiva, por no hablar del impacto, sobre todo en el varón, de la revolución de género y la posible crisis que ello está provocando en el juego social de roles masculinos y femeninos”.

Y que en el siglo XX, la mujer aún no podía ejercer sus derechos, ya que era vista solo como alguien para el hogar, sumisa, producto de un machismo cultural que persiste en países como México.

Los desafíos del siglo XXI no solo exigen repensar el aprendizaje, sino también reconstruir nuestras formas de vivir, sentir y relacionarnos. Educar no puede limitarse a transmitir contenidos, sino que debe formar sujetos críticos, conscientes de su identidad, sus emociones y su papel en una sociedad cambiante. Solo así podremos enfrentar, con una mirada más humana, los retos de esta época líquida, digital y profundamente desigual.

Isabel Ríos

Bibliografía Psicología Educativa. (2016). Aprender toda la vida: El reto de la enseñanza y el aprendizaje (Antología, p. 280). México: SEP.




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